El Estado como dominio
establecido sobre los pueblos, como el conjunto de leyes que guían a los
súbditos, sin embargo “La razón del
Estado” se lleva por “el conocimiento
de los medios aptos para fundar, conservar y ampliar tal dominio”. Involucra
al príncipe, su sabiduría, valor y virtud, mismos halagos que al no saber
controlarlos por la grandeza de su riqueza, dan paso al vicio desmesurado de la
concupiscencia y al mismo tiempo, su derrota.
El fundar y ampliar el Estado implica en el
conjunto de individuos que lo llenan, el Estado no puede ser sin súbditos y su
control sin el dominio a estos. Bien, pueden ser de una naturaleza estable o
inestable, apacible o violenta, dedicados al comercio o a la milicia pero estos
son en misma medida súbditos o no lo son.
La causa de la ruina de los estados es por
parte de las causas intrínsecas o extrínsecas. Las primeras son las internas y
las genera el príncipe ya sea por su juventud, ineptitud, idiotez o perdida de
reputación. Al tiempo que su crueldad con los súbditos hace inclinar a estos
con otro señorío, su idiotez y superficialidad por las riquezas insulta el
honor los hombres generosos, pues al disgregar las fuerzas por querer abarcar más de lo que
entra en sus posibilidades gana desprecio. Las extrínsecas son aquellas por
engaño y poder enemigo. El Estado que sea atacado por fuera difícilmente cae si
su pueblo no ha entrado en las causas intrínsecas.
El
Estado es mejor conservarlo que engrandecerlo, pues el conservar requiere
virtud y sabiduría y el ganarlo solo involucra el poder. Esto cae en el
correcto tamaño de un Estado para que no se pierda. Uno de tamaño pequeño se
verá expuesto a los Estados grandes por su debilidad, y un Estado grande causa
el recelo de sus vecinos y se unen, haciendo todos juntos lo que no puede hacer
uno solo. Al crecer también la riqueza lo hace con la avaricia, la envidia, el
lujo y la vanidad raíz de todo mal y las causas intrínsecas. En este se estima
la riqueza y no la virtud, la ofrenda y no la riqueza. Creciendo el Estado caen
las bases de su firmeza. El correcto es el de tamaño mediano, pues no es tan
débil por tamaño ni tan ostentoso por la grandeza.
El Estado debe ser continuo y no
discontinuo, al ser discontinuo sus separación solo expone la debilidad del
país por partes. Al tener continuidad traen mayor estabilidad y fuerza. Para
poder conservarlo consiste en la tranquilidad y paz de los súbditos y en caso de
tener perturbaciones pueden ser por parte de los súbditos o los extranjeros.
Las perturbaciones dentro del país se dan en dos partes: guerra civil o
rebelión, sin embargo se pueden esquivar por el amor que se gana el príncipe y
la reputación. La excelencia en la virtud del príncipe se da ya sea, en bondad
y cortesía generando amor, o por fuerza y grandeza logrando reputación.
La justicia asegura en cada uno lo suyo y se da en dos partes. Del
rey hacia el súbdito, aquí el rey no debe de consumir ni atormentar a los
ciudadanos, debe reconocer las fatigas y servicios ofreciendo la comodidad del
pueblo. Y la segunda parte es de súbdito con súbdito, en esta posición es
mantener la ciudad libre de violencia y fraudes. El rey al no poder juzgar a
todos debe de tener ministros idóneos que lo suplan. Estos magistrados no
pueden ser de los pueblos ni extranjeros, deben ser los sometidos y se debe de
prevenir su corrupción dándoles un salario y poniéndoles castigos gravísimos,
además de acatarlos a las leyes para que no guíen por sus pasiones.
La liberalidad no se debe de dar a los
indignos y de poco en poco. El príncipe debe de tener por ojo la prudencia y
por mano el valor, debe de tener el conocimiento de los efectos y costumbres de
su pueblo. Debe tener pleno conocimiento de artes militares, siendo el mejor
capitán y soldado, para ser estratega debe de tener el conocimiento de la
geometría y analizar pero como príncipe y no como ciudadano.
La prudencia y el buen manejo de la
República deben ser por experiencia y esta se debe fomentar con la lectura de
la historia, ya que la escritura es el registro del éxito o fracaso de los
principados. El buen príncipe debe medir sus amistades y enemistades, no debe
fiarse de la paz y bajar la guardia “la
paz desarmada es débil”, además de cuidarse de tener en el consejo súbditos
fieles de otros príncipes los proyectos que se autoricen serán los mejores
fundados y maduros sin llegar a la innovación, ya que esta altera los objetos
que la historia ha dado reputación en el pueblo generando el odio, y si se
deben hacer, será de manera cuidadosa y muy lentamente.
Todas las virtudes anteriores no duraran
sin la religión y la templanza. La religión e introduce como sostén del Estado
sometiendo a los súbditos por fuerzas sobrenaturales, no solo por cuerpo y
fuerza, también por conciencia y pensamiento. El Rey la utiliza ya que al estar
con Dios el comportamiento que le brindan los ciudadanos será de paz y armonía.
La templanza aleja los vicios y es nodriza de la virtud.
El Estado necesita el entretenimiento y se
puede dar en la abundancia, la justicia, la paz y el bajo costo de los
alimentos. Sin embargo los individuos son inestables por naturaleza y se
necesitaran nuevas e innovadoras formas de entretener, las mejores son aquellas
que estimulan el cuerpo y el alma, las demás solo entretienen. Las empresas
honradas y grandiosas requieren utilidad para el entretenimiento ya sea civiles
(construcciones, puentes, coliseos) o militares (gloria y riquezas).
En el Estado habrá tres clases de
ciudadanos: opulentos, pobres y medianos. Los opulentos por sus riquezas
corrompen y los pobres por la necesidad se corrompen, los más fáciles de
gobernar serán los de en medio. El príncipe de quien más debe cuidarse es de
aquellos que se engrandecen por valor ya sea en guerra o en paz ya que
representan una amenaza, y de los pobres, pues al no tener nada que perder
causan disturbios.
Ahora, para calmar los disturbios primero
se debe de controlar a los ciudadanos y envilecer el ánimo el príncipe debe dar
ocupaciones a sus súbditos en trabajos mecánicos, como la agricultura y las
artes, estas enamoran al individuo y no lo hacen pensar más allá del trabajo.
Para debilitar las fuerzas se debe de privar a la juventud de dinero ya que es
utilizado para conseguir armas, sin embargo aun caen en la posibilidad de
unirse, y la mejor manera de acabar con ellos es implantar las sospechas y la
desconfianza entre ellos, de esta manera no se llega al disturbio y no hay
necesidad de involucrar la fuerza.
Para asegurarse de los enemigos externos
hay que tenerlos lejos levantando fortalezas con maquinas y municiones de guerra,
deben de estar en un lugar de utilidad para defender a la ciudad. La manera de
prevenir es llevando la guerra hasta la ciudad ajena. En dado caso de que el
reino se vea en peligro de padecer una destrucción, un príncipe sabio sabrá
librar el inminente peligro cediendo al enemigo.
Las fuerzas del príncipe son: gente,
dinero, bastimento, municiones y armas, con el fin de mantener y ampliar el
Estado. El príncipe debe de encargarse de la profesión de hacer dinero para in
fin digno, la riqueza que este tenga será utilizada para la guerra y se
obtienen de dos modos: aprovechando todos los ingresos del Estado y abstenerse
de los gastos superfluos. Los ingresos ordinarios son aquellos que se obtienen
del pueblo y que no despojan de una manera violenta a los súbditos de sus
bienes, como los impuestos, si no son lo suficiente para cubrir el gasto se
pedirán prestamos a los ciudadanos ricos.
Los ingresos extraordinarios son los
pagados por extranjeros en forma de tributos, donaciones y honorarios, todos
para el mismo fin: cubrir los gastos de la guerra. El príncipe se debe cuidar
de la vanidad y los gastos innecesarios al bien público. Puede aceptar los
donativos de una manera mesurada y atesorarse de forma tal que la riqueza sea
conforme con el resto del poder de esta manera tendrá bastante gente que es la
verdadera fuerza del poder, de la cantidad y el valor.
Para acrecer la gente y las fuerzas se
deben de propagar las propias y quitárselas a los otros. Se propagan las
propias con la agricultura, las artes y favoreciendo la educación. Se quitan a
los otros agregándoles enemigos, arruinando las ciudades vecinas y contratando
gente para el propio servicio. Sin embargo para hacer crecer el Estado y el
número de habitantes se debe de implementar la industria, esta se formara por
la elaboración de diferentes instrumentos artificiales gracias a los medios
naturales, de esta forma se fortalece la economía y amplia el Estado.
Para acrecer las fuerzas es necesaria gente
con valor, soldados que estén instruidos en el arte de la guerra, ya que pocos
soldados con valentía valen más que muchos viles y cobardes. El principal
fundamento de un dominio es la independencia del Estado y no hay mejor manera
de hacerlo que siendo superior o igual a la del enemigo, de esta manera no
necesitas de lo ajeno. Para tener éxito en las batallas no se debe de utilizar
la milicia ni las fuerzas ajenas.
La milicia solo se interesa en la paga y es
fácil de revelarse, y las fuerzas ajenas solo se preocuparan por su rey. La formación
de los soldados involucra el orden y la firmeza del ejército y para mantenerse
necesitan una causa y la disciplina. La causa justifica su ataque brindando
firmeza y seguridad ya sea por defensa de la religión, del Estado o por el
honor. Y la disciplina es el arte de hacer un buen soldado, aquel que obedezca
valerosamente educado por premios y castigos, por fatigas que los templa y
refuerza además de la implantación de la necesidad que al convertirse en virtud
aumenta el valor de los soldados.
La razón del Estado es el timón que el
príncipe debe guiar para llevar tanto a su barco como a su tripulación. La
adquisición del territorio, el conservar y ampliar conlleva la escancia del
pueblo que lo lleva que las reglas y la conciencia que se deben adquirir son
por herencia del poder y la virtud que envuelven al príncipe. Lleno de
sabiduría, fortaleza y bondad, la razón del Estado como virtud del hombre.
Me parece una muy buena obra por que nos da las bases y la esencia del orden que debe el Estado, además de que las situaciones expuestas en el libro y como se resuelven en teoría son magnificas maniobras pensadas con sabiduría y experiencia.
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Bibliografía
Giovanni Botero, La
razón de Estado, pp. 91-185